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La Coctelera

lughnasad

22 Noviembre 2009

LA NOCHE

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El engranaje jamás cesa de girar, nada se detiene, ni siquiera de noche, en esas horas en que parece que todo se aquieta y aletarga. Pero cuando, pasada la 1 de la madrugada, salgo a la terracita a fumarme el último cigarrillo del día y contemplo las calles desiertas, oliendo solo a oscuridad, a silencio, a sosiego, a noche... recuerdo los versos de Brodsky y me gusta pensar que ésta, como todas y cada una de ellas, John Donne se ha dormido una vez más, y que, con él, todo duerme también. Las cosas y las casas, los animales, los árboles, los vivos y los muertos, los versos, los libros, la gloria, los pecados y el sufrimiento, el bien y el mal, el mar, la verdad, los ángeles, el diablo y hasta Dios. Me gusta pensar que el mundo descansa siquiera unas horas, que antes de volver a la rutina diaria aprovecha la quietud y la calma nocturnas para poner en orden sus pensamientos, para buscarse a la luz de la oscuridad. Y quizás hasta encontrarse.

 

Hoy todo parece acompañar al poeta inglés en su sueño eterno: la negrura del cielo, sombras apenas cortadas por algún neón o farola y envolviendo fachadas y cuanto abarca la vista, aceras desiertas, soledad y silencio absolutos... No se escucha ni el murmullo lejano de algún coche pasar, ni siquiera se mueve una brizna de aire; se diría que la calle es una imagen fija, un cuadro o una foto, si no fuese por las antojadizas evoluciones del humo ascendente de mi cigarrillo. Pero de repente un saxo de voz rota parece rasgar la noche, despertarla, dotarla de vida y vestirla de magia. Un hombre al que no he visto llegar, apoyado indolentemente en una esquina, deja hablar a su instrumento improvisando unas notas. Las escucho ensimismada, las contemplo expandirse, serpentear por entre los edificios dormidos y ascender hacia el cielo en una escala musical por la que, durante un momento, pienso que me gustaría subir hasta llegar a las estrellas que vislumbro desde mi terraza. Ellas parecen saber algo que nosotros ignoramos, alojar ahí arriba un secreto que daríamos lo que fuera por conocer. Respuestas a algo que es fundamental para nosotros.

 

Por un instante creo ver entreabrir los ojos a todo, a todos los seres vivos y muertos, a las palabras de todos los libros, a las casas y a las cosas, al bien y al mal, al mar, a la pena, a Dios, el diablo, los ángeles y hasta a John Donne. Los oigo rebullir intentando averiguar de dónde procede esa música que ha conseguido despertarlos, en ningún momento los veo mirar a las estrellas, buscar algo en ellas, solo atienden a ese único signo de vida en la noche: la melodía. La siguen con la mirada clavada en el saxo, en el hombre que, con los ojos cerrados y ajeno al insólito público de esta noche, permite que esas notas se apropien de su instrumento para poder fluir.

 

Cuando el saxo calla, cuanto hay ante mis ojos vuelve a semejar una imagen fija, un cuadro o una foto. Se ha roto la magia, y hace rato que se consumió el cigarrillo. Sé que aquella música que rompió la noche y el descanso de todo cuanto dormía es una metáfora de algo, pero se me escapan los versos que encierran ese algo. Me gustaría poder aprehenderlos. Pero no.... Y me meto entre las sábanas, esperando poder conciliar pronto el sueño. Una vez leí que éste llega a convertirse en un verdadero "estado poético" a través del cual el artista puede conocer aquello que es inaccesible en el estado de vigilia. Si yo fuese poeta encontraría, como ellos, la posibilidad de sortear en los sueños la realidad ordinaria para adentrarme en un mundo cargado de misterio, de indefinición, de otras verdades, y regresar de él con el Conocimiento y la Palabra. Pero no lo soy, no soy poeta, en los sueños solo vago y me pierdo, incluso cuando los tengo despierta. De la misma manera que me pierdo cuando persigo estrellas. Y además, si he de ser sincera nunca conseguí entender su lenguaje, descifrar las respuestas que esconden.


Por eso cada vez prefiero más la tierra, su tacto, su olor, su contemplación, la seguridad que me da el suelo firme. Me gusta mirar para arriba por las noches, sí, y lo hago casi todas ellas, en realidad no sé para qué, pero lo hago. Después dejo vagar la vista por los edificios que rodean al mío y los jardincitos que tengo delante, los árboles... Y entonces es cuando sé que todo va bien. Ya no busco respuestas a casi nada, pero creo que si alguna he de encontrar está aquí abajo, en la tierra que, más que ver, adivino en la oscuridad.

 

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ELEGIA PARA JOHN DONNE

John Donne se ha dormido, y todo duerme a su lado.
Se han dormido las paredes, el piso, la cama, los cuadros;
se han dormido los tapices, los candados, la mesa, el gancho,
el guardarropa, la alacena, los cortinajes, la bujía.
Duerme todo. La botella, el vaso, las jofainas,
el pan, el cuchillo de pan, las porcelanas, los cristales, la loza,
el candil de la noche, la lencería, las cómodas, los frascos y relojes,
los escalones, las puertas. En todas partes, la noche.
La noche por doquier: en los rincones, en los ojos, en la ropa blanca,
entre los papeles, en el escritorio, en el habla viva,
en sus palabras, en la leña, en las tenazas, en las cenizas
de la chimenea apagada, en cada objeto.
En la levita, los zapatos, las medias; en las sombras
tras el espejo, en la alcoba, en el respaldo del sillón,
de nuevo en la jofaina, en los crucifijos, en las sábanas,
en la escoba a la entrada, en las pantuflas. Todo se ha dormido.
Se ha dormido todo. La ventana. La nieve a través de ella.
La pendiente blanca del tejado vecino. Parece un mantel
su cima. Y todo el barrio se ha sumido en el sueño,
tajado a muerte por el marco de la ventana.
Duermen los arcos, los muros, las ventanas: todo.
Canto rodado, adoquines, rejas, jardines.
No se enciende una sola luz, ni rechina una rueda?
Las verjas, los ornamentos, las cadenas, los postes.
Duermen las puertas, bisagras, picaportes, garfios,
los canceles, los cerrojos con sus llaves, los pasadores.
En ninguna parte se oye susurro, ruido ni golpe.
Sólo la nieve rechina. Duerme todo. Aún falta para que amanezca.
Las cárceles se han dormido, los castillos. Duermen
las balanzas en la pescadería. Duermen los cerdos abiertos en canal.
Las casas, los traspatios. Duermen los perros guardianes.
En los sótanos duermen los gatos, con orejas paradas.
Duermen los ratones y la gente. Londres profundamente duerme.
Duerme el velero en el puerto. El agua con nieve, dormida
cruje bajo su fondo, y a lo lejos se funde con el dormido cielo.
John Donne se ha dormido. Y junto con él, el mar.
La costa caliza se ha dormido sobre el agua.
Toda la isla duerme en los brazos de un mismo sueño.
Cada jardín está afianzado con triple cerradura.
Duermen los arces, pinos, olmos, cedros, abetos.
Duermen las laderas, los arroyos en las cuestas, las sendas.
Duermen los zorros, el lobo. También se ha echado el oso.
La nieve obstruye las entradas a sus guaridas.
También se duermen los pájaros, su canto no se oye.
No se oye el grito de la corneja, es noche, no se oye
la carcajada de la lechuza. La región inglesa está en silencio.
Brilla una estrella. Un ratón avanza con paso cauteloso.
Se ha dormido todo. Todos los muertos yacen
en sus ataúdes. Duermen tranquilos. En sus lechos
duermen los vivos, hundidos en camisones.
Duermen solos. Profundamente. O entre los brazos.
Todo se ha dormido. Duermen los ríos, montes, bosques.
Duermen las bestias, las aves, el mundo vivo y no vivo.
Sólo la blanca nieve vuela desde los cielos nocturnos.
Pero también ahí duermen, por encima de todos.
Duermen los ángeles. Los santos se han olvidado,
dormidos, del mundo azaroso, para su santa vergüenza.
La Gehena duerme, duerme el bello Paraíso.
A esta hora nadie sale de su casa.
El Señor se ha dormido. La tierra quedó enajenada.
No ven los ojos, el oído ya no oye.
También duerme el demonio. Y se durmió a su lado
la discordia, en la nieve de la campiña inglesa.
Duermen los jinetes. Duerme el arcángel con su trompeta.
Duermen los caballos, meciéndose suavemente en los sueños.
Y todos los querubines, en una misma masa, abrazados,
duermen bajo la cúpula de San Pablo.
John Donne se ha dormido. Se han dormido, duermen los versos.
Todas las rimas, las imágenes. No se puede distinguir
las buenas de las fallidas. El vicio, la angustia, los pecados,
callados por igual, reposan en sus sílabas.
Y cada verso es hermano a otro verso: aunque en sueños
musiten uno al otro: hazte un poco a un lado.
Pero las puertas del Paraíso quedan tan lejos a
cualquiera de ellos,
cada uno es tan pobre, denso y puro, que en todos hay unidad.
Duermen todas las líneas. Duerme la rigurosa bóveda de los yambos.
Los troqueos duermen todos como guardianes, a la izquierda, a la derecha.
En ellos reposa la imagen de las aguas del Leteo.
Y detrás de ella duerme profundamente la gloria.
Duermen todas las desgracias. También los sufrimientos se han dormido.
Los vicios duermen. El bien se ha abrazado al mal.
Los vicios duermen. La blancuzca nevada
busca en el espacio alguna mancha negra.
Todo se ha dormido. Duermen profundamente las filas de los libros.
Bajo el hielo del olvido duermen los ríos de palabras.
Duermen todos los discursos, con todas sus verdades.
Duermen sus cadenas. Los eslabones suenan levemente.
Todos duermen profundamente: los santos, Dios, el diablo.
Sus pérfidos sirvientes. Sus hijos. Sus amigos.
La nieve sola susurra por los oscuros caminos.
Y ya no hay sonidos en el mundo entero.

(Joseph Brodsky

 

 

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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Salma

Salma dijo

Mañana paso a acurrucarme a la orilla de esta noche y saborearla con calma; a la noche, a la insomne, a la poesía, a Layla, a la poeta, ummmm... una mezcla de sabores y olores embriagadores Lugh...

Achuchón gordo y felices sueños

25 Noviembre 2009 | 08:23 PM

madeleinedecubas

madeleinedecubas dijo

Es una preciosa viñeta la que describes aquí, querida amiga. El profundo silencio de la noche y del pensamiento roto por la melancolía y la magia de las notas de un saxo y que nos proporciona el mejor ambiente para meditar. Está bien mantener los pies en la tierra, como bien dices, pero sin olvidar la poesía que encierra la vida ni perder la capacidad de soñar y de hacer realidad lo que imaginamos. Quizá en esas noches insomnes, cuando el mundo duerme veamos con más claridad aquello que diariamente nos parece agobiador y confuso, no crees? Besos.

25 Noviembre 2009 | 11:50 PM

Lughnasad

Lughnasad dijo

La noche, la poesía, Layla, el saxo y la insomne estaremos aquí, Salma, todo lo que vive y lo que no vive, acurrucados en brazos del sueño bajo el ojo atento de la luna. Ella es la verdadera poeta.

Achuchón bien gordo para ti también, y besos.

27 Noviembre 2009 | 10:08 AM

Lughnasad

Lughnasad dijo

Sí, Madeleine, así lo creo, me parece que en la tranquilidad y quietud de la noche se encienden muchas luces, y no precisamente las de las farolas. Esas horas en que el silencio reinante nos permite escucharnos a nosotros mismos son mágicas, permiten ver realidades pero también invitan a soñar, a dar rienda suelta a quimeras. Lo malo es adentrarse en ellas y perderse... La poesía es imprescindible en la vida, por supuestísimo, pero se corre el riesgo de extraviarse en ella si se pierden de vista las fronteras con la realidad y el camino de vuelta a esta. Los sueños y las ilusiones son el motor que nos mueve, pobre de quien los pierde, pero pobre también de quien se instala en ellos y luego no soporta el choque con el día a día. Besos, princesa.

27 Noviembre 2009 | 10:32 AM

Salma

Salma dijo

Bufff... me quedo atontolinada leyéndote, a ti y a Joseph Brodsky, con esa melodía de fondo se respira la noche.

Hay tanto encerrado en la noche como quizás secretos en las estrellas pero son inalcanzables como lo son algunas de las respuestas que buscamos.
No sé, pero la oscuridad de la noche, ese silencio con todo durmiendo... pienso que es lo que provoca que la luz verdadera despierte en nosotros y esa es la respuesta a nuestra oscuridad.

Siempre he buscado respuestas a muchas cosas pero básicamente donde las busco son en la tierra, en lo mundano, en el día a día, en las personas, en las palabras con cuerpo y forma que se transforman en hechos, en los pequeños detalles, porque ahí es donde muchas dudas y preguntas se despejan sin necesidad de buscar nada.

Aunque todavía tengo un largo camino por recorrer en la vida ya voy aprendiendo que no todo tiene un porqué y si lo tuviera no siempre va acompañado de una respuesta, aceptar eso es lo que permite que nuestra propia luz fluya sin preguntas que obstaculicen el camino que uno ha de recorrer.
Es necesario tener los pies en la tierra para poder caminar, tanto como la cabeza encima de los hombros para no perder el equilibrio pero el camino por tierra, campo a través, no siempre es fácil y somos humanos, necesitamos muchas pausas para descansar y reponer fuerzas.
Los sueños son el aliento de la ilusión, y la ilusión el motor que estimula y acelera las ganas, y las ganas... hacen que nada ni nadie nos pueda detener para alcanzar nuestras metas. Resumiendo, que es gerundio, que los sueños son un alimento para nuestro espíritu y en el camino de la vida deben acompañarnos en un bolsillo grande de la mochila. Además, los sueños siempre son dulces y caminando se quema mucha ázucar, necesaria para no tener bajadas de tensión...

Pero algo es cierto y es que necesitamos la “luz” de la noche tanto como la luz del día porque ambas nos muestran caminos y atajos con lucidez aunque con diferentes perspectivas que hacen que las sombras tengan otra proyección distinta. Y que me enrollo y me he liado conmigo misma, jajaja..

Fíjate, me gusta leer esta Elegia, ya sabes que yo de poesía ni papa pero entre tanto silencio y con todo dormido hay algo que llama mi atención (porque no lo pillo, no por otra cosa, je) y es la “nieve” parece que es el único sonido que cruje y susurra, como también parece que su blancura se distingue entre tanto oscuro camino. Uys, este poeta para mi es muy difícil pero curiosamente me transmite una sensación muy profunda y es lo que me gusta.

Madre mía lo que me he parrafeado sin darme cuenta, glups, paciencia y sorry.

Besotes insomne ;)

27 Noviembre 2009 | 01:11 PM

Salma

Salma dijo

oooooooooño!!! que azúcar se acentúa en la Úuuuuuuuuuuu, je.
Eso me pasa por dejar que mis dedos me dominen.

Otro besote :)

27 Noviembre 2009 | 07:24 PM

lughnasad

lughnasad dijo

Resulta poético buscar respuestas en las estrellas, Salma, pero si he de ser sincera no creo que haya ninguna ahí arriba, ni que la noche, por romántica y mágica que resulte (y mira que soy “fan” de ella..), las encierre tampoco. Creo que solo están en el día, y dentro de uno mismo, aunque la quietud y el silencio nocturnos, el recogimiento interior a que invita, su oscuridad, paradójicamente nos iluminen y nos permitan a veces encontrar esas respuestas.

Como tú, creo que están dentro de nosotros y en el día a día, y que muchas preguntas seguirán siempre sin desvelarse, pero mira, eso hasta le añade aliciente a la vida, ¿verdad..? Creo que si tuviéramos la solución a todas ellas terminaríamos hasta desmotivándonos para seguir adelante. La curiosidad, las ganas de saber y las ilusiones son el motor que nos impulsa, así que bienvenidos sean los interrogantes.

La elegía para John Donne no me parece que necesite mucha interpretación, más bien está para ser sentida, degustada, para dejarse llevar por las sensaciones que crea. Esa nieve parece ser el único signo de vida en la noche, sí, y ya ves...yo la percibo como el sudario blanco que cubre a todos los seres vivos y muertos, como un signo más de muerte que, precisamente por su dinamismo (es lo único que se mueve, mientras está cayendo) y por su blancura, la acentúa a través de un contraste que a mí al menos me resulta muy fuerte. Vaya por Dios, ya estoy interpretando... Es que no tengo remedio... ;-)

Besazos, guapa. Y... ¿qué más da haberle colocado el acento a “azúcar” en la “a” o en la “u” en un despiste? Lo importante es que el azúcar sea dulce...

30 Noviembre 2009 | 07:04 PM

Salma

Salma dijo

Pues sí, que más da donde lleve el acento azúcar si yo tomo sacarina, je.

Vaya por Dios, esa es una muy buena explicación de la nieve, esos copos que lentamente van cubriendo y enfriando todo...

Anda que si yo tuviera todas las respuestas de este mundo... me aburriría como una ostra en el desierto, bueno... y me moriría también, je.

Besos reina

30 Noviembre 2009 | 07:52 PM

lughnasad

lughnasad dijo

Yo ni sacarina, niña, el cafelito solo con café, como debe ser.... :-)

La intepretación que he hecho de la nieve es solo lo que ésta me sugiere a mí, habría que preguntarle a Brodky, pero me temo que él ya no podría respondernos...

Besos, guapa. Creo que es mejor no saberlo todo; Bécquer decía que podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía mientras un misterio se resista a la voraz curiosidad del hombre, y estoy absolutamente de acuerdo con él. Está bien que, al menos en algunos aspectos, se pueda cambiar conocimiento por poesía...

1 Diciembre 2009 | 02:59 PM

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