SOLO YO ME PIENSO
¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo
ni escucharlo ni tocarlo ni olerlo ni gustarlo?
¿cómo serán los demás sin este servidor?
¿o existirán tal como yo existo
sin los demás que se me fueron?
.............
Ya sabemos cómo es sin las respuestas mas
¿cómo será el mundo sin preguntas?
Mario Benedetti
¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo...? Dejo la vista vagar a través de la ventana. El aire que entra por los cristales y se detiene en mi rostro, en mis brazos, mueve apenas las hojas del limonero. Ya era viejo cuando mi abuela compró esta casa, pero está cargado de frutos, como cada año.
El incesante ronroneo de los motores de coches que no dejan de pasar por la antigua carretera comarcal hace de contrapunto al trino incesante y aturdidor de pájaros desocupados que vuelan de rama en rama, y al de las golondrinas que han llegado esta primavera para hacer sus nidos en el porche.
En la ventana del caserón que linda con éste hay un hombre asomado. Es el tercer dueño que le conozco a esa finca. En las ventanas de cualquier casa siempre hay alguien asomado...
Por la vereda de enfrente, cogidas del brazo y charlando animadas, se acercan sin prisas pero a paso contento mis vecinas de al lado, Lola, viuda desde hace un par de años, Josita y Marta, abuela, madre e hija respectivamente. Tres generaciones de mujeres. La menos habladora es Marta, a ratos como ausente, pero con una sonrisa entallada en los labios casi todo el tiempo. He oído decir que anda enamorada, con novio. Seguramente no tardarán en ser cuatro las que avancen por la vereda.
Esquinado con el marco de la ventana hay un escritorio de nogal sobre cuya tapa se apiñan fotos familiares, una de ellas la última que se le hizo a mi abuela. Era aún muy guapa a sus 84 años, y tan risueña como se muestra ahí. Este mes habría cumplido los 110... La miro de reojo, o me mira ella de frente, no sé, y la veo sentada ante la mesa que hay bajo el ventanal, jugando a solitarios con naipes y haciéndose trampas, deteniéndose a ratos para dejar vagar la vista a través de las cristaleras, saludando con la mano a quienes pasaban por la vereda, fijándose en quién se asomaba a la ventana de la casa de enfrente. Porque en las ventanas de cualquier casa siempre hay alguien asomado... Le gustaban los pájaros, y dejaba miguitas de magdalena en el alféizar para que acudieran a picotear. A veces se colaba alguno en el interior de la casa por entre los cristales abiertos, junto con el ruido de los coches que circulaban por la comarcal. En aquella época eran pocos, pero las carreteras nunca están vacías. La recuerdo arrancando limones, hasta dejar las ramas casi peladas, y haciendo limonada para la turba de nietos que allí nos reuníamos. Cuando estaba lista acudíamos en tropel. Como los pájaros... Como esos que no eran los que tengo ahora enfrente de mí. Tampoco los coches que circulaban por la comarcal son los mismos, ni siquiera los que veo día tras día pasar, sin dejar tras de sí algo más que ruido de motor y estela de humos. Pero las carreteras nunca están vacías. Ni las veredas transitadas por gente. Ni el limonero deja de estar cargado de frutos, año tras año.
¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo...?
Ya sabemos cómo es sin las respuestas mas
¿cómo será el mundo sin preguntas?
Sí que conocemos las respuestas, están detrás de mi ventana. Y en unos versos de R. Juarroz:
Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que solo yo me pienso,
y si ahora muriese, nadie, ni yo, me pensaría.
(...)
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.
No, no hace falta salvar a un hombre para salvar el mundo. Por eso seguramente lo que nos preocupa no es un mundo sin preguntas, sino uno con respuestas.





Salma dijo
Y que bien te piensas joía.... quedo con la piel estremecida entre la acidez del limón y la dulce silueta que describes de esa abuela.
Ya imaginarás que aquí tengo mucho en lo que pensarte; ventanas en las que siempre hay tendidos unos ojos, carreteras que nunca están vacías, miradas ausentes de enamoradas, jugar haciéndose trampas, preguntas, respuestas, buffffffff.... mis neuronas están ya aceleradas, menos mal que la sensación que dejas tras leerte es templada y contrarresta esos acelerones.
Es importante que alguien te piense o que nos pensemos, pero no para salvar a nadie ni salvarnos sino para mantener viva la esencia que habita en cada uno de nosotros, en cada una de las preguntas que habitan en nuestro altillo.
Jooo, me ha encantado. Sobretodo porque tener todas las respuestas sería preocupante, sí... y muy aburrido, jajaja... miedo da a veces saber demasiado o descubrirlo todo...
Un beso enorme
16 Diciembre 2009 | 07:16 PM