LA MORTALIDAD DEL HOMBRE

Los mitos intentan explicar de manera simbólica el lugar que ocupa el hombre en el universo, su relación con él, por qué las cosas son de un modo determinado, su propia historia... Nunca deja de sorprender que, por alejados en geografía e idiosincrasia que estén los pueblos, exista un acervo de arquetipos comunes a casi todos ellos: el portador del Bien y el del Mal, el conflicto entre ambos, el ser humano proveniente del barro, la divinidad insufladora de su aliento vital... Como muestra, esta leyenda de los Arapahoes que explica por qué los hombres son mortales.
Cuando la nada lo era todo y ninguna cosa existía, en la inmensidad del espacio vivían el Gran Abuelo y su hijo Nihancan. El Gran Abuelo se aplicaba sin descanso, siglo tras siglo, a extraer las aguas turbias del Universo, ponerlas a secar al sol y moldear luego todo lo necesario para ir poblando el vacío. En su ardua labor no solo no recibía ayuda de su hijo, que nunca estaba donde se le necesitaba, sino que se la estorbaba con sus juegos necios.
Un día, trasteando Nihancan con la Pipa sagrada de su Padre, se le escapó de las manos y cayó en las profundidades de las aguas turbias. La Pipa, afligida, lloró noche y día elevando angustiosas plegarias al Gran Abuelo para que no la dejase abandonada en la soledad de aquel lugar oscuro y desconsolado. El corazón del Creador se apiadó, y así, para que tuviese compañía, con el lodo que le fue trayendo la Gran Tortuga del fondo de las aguas empezó a formar todas las cosas que hay sobre la tierra: montañas, ríos, valles, praderas, plantas y animales. Cuando hubo terminado contempló complacido su obra, pero pensó que aún no estaba completa. Así pues decidió crear seres que brindaran mejor compañía a la Pipa, y con un trozo de arcilla que coció con su mismo aliento, formó al Hombre y a la Mujer india. Satisfecho ante lo que sus ojos veían, les dijo:
- Os he dado animales para que uséis su carne como alimento, su piel para vestiros, y sus huesos para hacer herramientas, árboles para que os ofrezcan sombra y frutos, y plantas que os darán medicinas. También al sol para calentaros y la luna para iluminar vuestras noches. A cambio, adoraréis y tendréis como consejera a la Sagrada Pipa, y engendraréis muchos hijos con los que poblaréis la faz de la tierra.
Y entonces, ordenó al Milano que los bajara a las praderas.
Nihancan preguntó ansioso al Gran Abuelo si los humanos serían inmortales, como ellos dos y la misma Pipa sagrada, y la respuesta afirmativa que recibió le causó un profundo disgusto. No veía legítimo que aquellos seres, al fin simples trozos de arcilla, pudiesen ser equiparados a él, y, obsesionado con aquello, reconcomido por la rabia y la envidia, no cesaba de insistir a su Padre para que cambiase aquella decisión. Cansado éste de tanta porfía, ideó una estratagema. Le propuso a su hijo arrojar a las aguas el primer objeto que encontrasen, si flotaba los hombres vivirían eternamente, si se hundía serían mortales. Y en cuanto Nihancan desapareció de su vista, desparramó por las riberas de las aguas trocitos de chopo como si fueran guijarros de río, sin saber que estaba siendo observado por el envidioso joven, oculto entre unos matorrales.
En cuanto el Gran Abuelo se marchó, Nihancan sustituyó los trocitos de chopo por auténticos guijarros, y se fue a su tienda a esperar la llamada de su Padre. Llegado el momento de la prueba, él mismo se encargó de arrojar una de aquellas piedrecitas a las aguas, y lógicamente se hundió, ante la infinita tristeza del Gran Abuelo.
El día que murió el primer ser humano los sacerdotes recurrieron a la Sagrada Pipa y al sol, pero ambos respondieron que la palabra del Padre era irrevocable, y que la humanidad sería para siempre mortal. Sin embargo, el Creador prometió al sol que prolongaría cuanto pudiese la vida de los humanos, y que cuando llegase la hora los estaría esperando a la entrada de las Praderas Eternas.
Por eso los Arapahoes bailan la danza de la Sagrada Pipa para agradecer al astro rey sus beneficios y pedirle que recuerden al Gran Abuelo su promesa.





usia dijo
¡Me gustan los mitos, este tipo de historias!
¡Un placer leerte de nuevo! ¡Un Beso!
22 Febrero 2010 | 06:10 PM