TRES DE MARZO
Pues si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado...
Jorge Manrique
... aun así hay que contemplar la posibilidad de que lo ido y acabado pueda hacerse presente.
Lughnasad

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Hace días, tantos que parecen eones, que diluvia en nuestra siempre sedienta Andalucía, el cielo ha abierto compuertas y derrama sin cesar sobre nosotros agua bendita. Agua que refresca el aire de estas tierras, un aire que sabe a cenizas amargas, a sequedad, pero también a dátil oscuro, dulce, a aceituna madura preñada de líquido dorado. Es el sabor de mis raíces, de las tuyas, es sabor a sur.
Las calles están vacías a estas horas en que son ellas mismas, huelen a noche, a sosiego, a agua y a hierba mojada, la lluvia no deja de repiquetear en los cristales de la ventana, haciendo dibujos caprichosos en ellos mientras tararea su melancólica canción, y un perro ladra en la lejanía. La falda de la mesa frente a la que me siento y el braserito que esconde me arropan con su calor, y entre el silencio y la quietud que todo lo envuelve se diría que flota un vago olor a soledad, a tiempo... si no fuera porque estás sentado enfrente de mí. Callado, atareado como siempre. Pero de vez en cuando sacas la cabeza de entre el montón de papeles, apartas la vista del monitor de tu portátil, me miras, me sonríes y me haces un guiño, ese que siempre me hacía reír cuando éramos poco más que unos adolescentes. Y entonces sé que no tengo solo compañía, sino compañero. Sé que el tiempo es solo una percepción subjetiva, porque hay pasados que se hacen presentes.
Acabas de hacer ese guiño, y estallo en carcajadas, pero por otro motivo. Horas atrás, cuando bajábamos del coche, ante nosotros se extendía un charco enorme, casi un mar, y me propusiste cogerme en brazos y llevarme así hasta el portal de casa, como aquella vez, cuando teníamos 20 años... "¿Te acuerdas de aquello?", me decías. Cómo no acordarme... Había estado lloviendo con desespero, como ahora, la acera estaba tan anegada que bajaste tú primero del autobús, me cogiste en brazos para que no me mojase los pies y conmigo a cuestas empezaste a andar en dirección a mi casa. Detrás de nosotros resonaban aplausos de algunos de los ocupantes del autobús, divertidos por tu gesto. Fue como escaparse de una película. Y ahora, al cabo de los años, los kilos y las vértebras desgastadas, querías hacer un remake... Casi tuve que ponerme seria, y terminamos por vadear el charco, claro. Pero también tuvo su encanto... :-)
Sí, estallo en carcajadas, no solo por tu guiño, pero no te digo el motivo por no entretenerte, aún te queda alguna cosa que hacer y es tarde. Vuelves a enterrar la cabeza entre papeles, y mientras espero a que termines me coloco los auriculares, busco en la carpeta de música y pincho una canción de Serrat que una vez me enviaste. La banda sonora de tus sentimientos. Fuera, la lluvia continúa tamborileando en los cristales, y dentro sigue oliendo a tiempo que, a pesar del tiempo, se ha resistido a marcharse.




Bytes dijo
Bello.... feliz celebración... ;)
Serrat puede amenizar cualquier tiempo pasado y presente.
A mi me apetece dejarte una canción que seguro el del guiño te cantará cada día
http://www.youtube.com/watch?v=4p-Hwrs-nmE&feature=related
Besos a montones
3 Marzo 2010 | 08:21 PM