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La Coctelera

lughnasad

15 Noviembre 2010

LA MEMORIA INMUTABLE

 "Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha ".

 Autorretrato. Prólogo de las Novelas ejemplares. Miguel de Cervantes

 

 "Hombre de bien nacido para el mal, que ha tenido siempre y tiene, así en la corte como fuera de ella, muy grandes cargos de conciencia, dando de todos muy buenas cuentas pero no rezándolas; ordenado de corona pero no de vida...corto de vista, como de ventura; hombre dado al diablo, prestado al mundo y encomendado a la carne; rasgado de ojos y de conciencia..falto de pies y de juicio."

 Autorretrato. Memorial a una academia. Francisco de Quevedo.

  

Siempre me gustó ahondar en la vida de los escritores. Me interesaba tanto como la obra, porque jamás se puede entender ésta del todo sin conocer  la personalidad y motivaciones de su autor, el pensamiento de la época que los vio nacer, si no tienes presente que fueron hombres tan de carne y hueso como tú y como yo. Y yo intentaba ponerles la carne y el hueso, un rostro, expresión, no leer sus biografías como un simple relato, sino contextualizarlas en el mundo que les tocó, comprender cómo lo vivieron, cómo sintieron.... Y entender a esas personas antes que a esos autores.

  Es curioso, hace unos años  habría podido contar al detalle la vida y milagros de todos los clásicos españoles y la de muchos europeos y americanos; hoy solo me quedan tan presentes como ayer  Cervantes y  Quevedo. Me desaparecen las cosas de la memoria como si ésta fuese casa donde hay una mala criada; a veces solo queda de esas cosas la huella del sitio que ocuparon, como un paréntesis en el polvo que cubre la superficie.  Llega un momento en que no estoy segura de nada, un momento en que parte de lo que se almacena aún en mi cerebro parecen ser recuerdos prestados, artífices de una vida paralela a la que de verdad he vivido y, por momentos, mucho más real que la real. Lo que aún no he olvidado es por qué Cervantes y Quevedo no me abandonan, como han ido haciendo casi todos los demás: son los dos que podría haber amado como hombres, no ya como escritores.

 Siempre sentí una inmensa ternura por ese Cervantes de ojos alegres, rubiasco, como a mí me gustan, ni alto ni bajo, que yo soy pequeñita y no necesito más, idealista, soñador, soldado valiente hasta el heroísmo en Lepanto o en su cautiverio en Argel. Carne de deudas, de cárcel,  de murmuraciones, hasta de lástimas, un hombre de esos que no nace con estrella  sino estrellado, cuya sombra proyectada en las paredes no es la de su cuerpo sino la de la mala suerte, que le persigue allá donde va. Habría podido amarle,  sí, con ese amor que es más de madre que de hembra,  casi exento de pasión y sobrado de ternura que muchas mujeres sienten por sus parejas. De esos amores en que cada orgasmo obtenido con el hombre objeto de ellos resulta casi incestuoso.

 Pero a Quevedo lo habría amado con locura, aun tan desgraciado como era físicamente, medio ciego, cojitranco y no muy bien hecho, aun aficionado en exceso a la bebida, fumador  compulsivo y putañero impenitente. Habría amado al gran tímido que intuyo amparado tras el cinismo, el sarcasmo y su merecidamente mala reputación, al hombre sensible que se escudaba en la mordacidad y las procacidades de todo tipo,  al que se erguía, agresivo y mortífero,  en su no mucha estatura de caballero  hasta parecer un gigante cuando en la corte intentaban convertirlo por su poca apostura en bufón enano, en otro bobo de  Coria, a ese que amó al Amor pero nunca pudo amar a ninguna mujer, misántropo y dicen que misógino, atormentado y tormentoso, contradiciente y contradictorio, apasionado en todo, barroco hasta la médula del alma,  o mejor dicho, de sus mil almas, cada una de un color, dotado de una inteligencia excepcional alimentada por la pasión por la lectura de todo tipo -hasta de los malos aprendía, decía él- y el estudio incesante.

  A ese sí lo hubiera amado como una hembra... A Quevedo,  uno de mis amores imposibles, el mayor de mis amores. El más imposible.

 

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20 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Hola querida amiga: Aunque he llegado un poco cansada de la Feria del Libro, fue tanta mi alegría cuando supe que habías actualizado tu bitácora, que aquí me tienes medio dormida, pero eso sí disfrutando de tu amena prosa, con la que en muchos puntos me identifico.
Estoy contigo: Elemental conocer al autor para amar aún más su obra, ubicarlo en su tiempo, hurgar en sus sentimientos, conocer a fondo su mundo, por lo que vivió y luchó. Es que en mi concepto Amparo, uno no puede amar o rechazar sino lo que de verdad conoce.

Lo que sí me hace gracia, mi pequeña idealista, y OJO que esto no es una crítica, son los escritores que te alborotan. Quevedo, tu Quevedo. Qué extravagancia, por Dios! Sé de tu "amor" por Quevedo porque creo que ya hace unos años nos lo habías manifestado. Creo que en esa ocasión te conté, que una biografía de él fue uno de los primeros libros que leí de pequeña. Me lo regaló la directora del colegio de premio como en tercero de primaria. Naturalmente, era una versión muy sencilla, que todavía recuerdo con detalles. El tipo era un personaje, pero un verdadero plomo, amiga. No hay duda que era misógino. Su definición de la mujer ideal era que fuera sorda, muda, ciega y no recuerdo qué más. No olvido su famoso duelo, sus poesías plagadas de malas palabras y porquerías, que hacía que me desternillara de risa. Bueno, pues sí un personaje, pero que a mí como hombre me luce un antídoto a la lujuria.
Me ha encantado tu post.
Besitos.

16 Noviembre 2010 | 05:50 AM

Cucú

Cucú dijo

Pues no creas, pero que Cervantes y Quevedo queden en esa memoria no es poco, en la mía no queda mucha cosa, una lástima de cabeza que tengo....

Supongo que ellos permanecen en tu memoria porque la huella que dejaron en ti no solo era inmutable sino imborrable, que es lo mismo o parecido, creo... Y porque es evidente que su obra te gustó e impactó pero mucho más su persona y cuando hablamos de sentires y de personas a las que amamos o que hubiéramos podido amar, eso no es fácil de olvidar.

Tal y como los pintas yo no sé si les hubiera amado pero el corazón es como un pene flácido que reacciona ante los estímulos, no ante la lógica, pura química. Pero la lógica me dice que me hubiera costado mucho amar como una hembra a Quevedo si era tal y como lo cuentas... glups.... creo que a veces nos enamoramos o amamos a aquellos por lo que intuimos o creemos intuir que hay dentro de ellos y sin embargo con el paso de los años vas amando a aquellos que no solo intuyes sensibles sino que además lo son, a aquellos que tras sus palabras tienen el gesto que certifica que sus palabras tienen vida, latido y sangre. Que sus miles de almas tienen un corazon de una sola cara.

Tengo que decirte que tu idea de conocer a la persona que hay tras la obra me parece muy acertada pero también tengo que decirte que como seres llenos de prejuicios que somos, saber quién hay detrás a veces nos causa una profunda decepción. Y personalmente te cuento que a mi saber como era Quevedo me hubiera producido rechazo. Hace poco me ha pasado con Sánchez Dragó, lo siento mucho pero no soporto a alguien que se jacta de follarse a putillas de 13 años con tanta alegría y que luego viendo la repercusión que tienen sus "batallitas" se defienda diciendo que es literatura...

Estoy convencida que todos en algún momento de nuestra vida hemos amado a personas que de humano poco tenían y sí mucho de animal, pero al fin y al cabo es difícil amar a alguien tan de verdad, con tanta pasión y con la mente absolutamente nublada sino nos hacen sentir como animales, como hembras!

Si es que somos como animales, jajajaja... yo por lo menos.

Mira, Quevedo ha sido tu amor imposible y platónico, son los mejores amores de este mundo, ¿a que sí?

Me alucina leerte, acabaré enamorándome de ti, jajaja. Felicidades!!! Por el post... claro.... :))

Te dejo un campo florido de besos por desparramarte como una salvaje hembra.

16 Noviembre 2010 | 12:57 PM

Cucú

Cucú dijo

Ah, te dejo una canción de Aute “Polvo de enamorado”, dicen que se inspiró en el poema de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte”... eso lo sabrás tú mejor.

http://www.youtube.com/watch?v=a97qe_IGBLc&feature=related

Me pareció que quedaba bien en este post, je.

Más besos

16 Noviembre 2010 | 01:30 PM

Mayca

Mayca dijo

Muy buenas, yo vengo recomendada por una amiga común y tengo que decirte que me ha encantado esa recomendación, me gusta la literatura pero sobre todo me gusta la historia y leer biografías de gente importante por lo que tu post me ha encantado y a partir de hoy te seguiré de cerca.

Un abrazo muy grande.

16 Noviembre 2010 | 08:25 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Bueno, he vuelto, porque anoche te comenté a medias..., me caía de cansancio y sueño. Y creo que éste es un post que amerita no dejar nada dentro del tintero.
Mujer, estabas sin duda inspirada: "Me desaparecen las cosas de la memoria como si ésta fuese casa donde hay una mala criada; a veces solo queda en esas cosas la huella del sitio que ocuparon como un paréntesis en el polvo que cubre la superficie..." Estas metáforas son geniales, amiga. Ya sabemos cuan selectiva es nuestra memoria, y aunque también hay ocasiones en las que nos juega malas pasadas, yo pienso que mientras recordemos a las personas y las cosas que de verdad importan, lo demás mi querida puede irse a la porra. No problem, créeme. Y hay escritores como los falsos amores que muchas veces no dejan en nuestro ánimo ni tan siquiera las huellas digitales.
Leyéndote me hiciste acordar de Isadora Duncan, que si mal no recuerdo tuvo debilidad por un hombre cuyos atributos físicos emulaban los de Quevedo. Como bien comenta Cucú el amor muchas veces no tiene lógica. Es que si la tuviera carecería de la dosis de locura que entraña todo verdadero amor. Besos.

17 Noviembre 2010 | 04:13 AM

lughnasad

lughnasad dijo

Como me conozco y me temo, porque el Barroco en general y Quevedo en particular me apasionan y podría dejarme llevar por la incontinencia verbal, creo que mejor os respondo a las dos conjuntamente en lo que respecta a la perplejidad que manifestáis sobre mi “amor” hacia Quevedo, y después a cada una de vosotras en otras cuestiones que ponéis sobre la mesa.

Ante todo, vaya por delante que el texto es básicamente un ejercicio poético, una literaturización no solo de mi enorme admiración hacia ambos autores, en especial Quevedo, sino también de un fenómeno que estaréis de acuerdo conmigo en que es muy frecuente: la empatía (o la falta de ella) que solemos sentir hacia los protagonistas de las obras que leemos, sean novelas o biografías. Si llegamos a concebir hacia los personajes de una película o de una novela sentimientos de todo tipo motivados por lo que dicen, hacen o les hacen, ¿cómo no conectar con los autores cuyas vidas y cuyas palabras leemos, sabiendo además que fueron personas de carne y hueso, no solo simples personajes?

Siempre me gustó ahondar en las vidas de los escritores, dicho quedaba en el post, y unos me provocan más simpatía que otros, pero los que consiguieron en mayor medida adquirir tres dimensiones ante mis ojos, casi pasar a un plano real y tangible a pesar de la distancia cronológica que media entre nosotros, son los dos que he citado. Son los que más me hubiese gustado conocer personalmente en vida. Y, aunque parezca una tontería, que lo es... casi creo haberlos conocido de verdad, tanto a través de sus biografías como de sus obras. Para mí nunca habrá nada equiparable al Quijote, nada, y hay mucho de Cervantes tras ese personaje. Y no solo de Cervantes, sino de mí, de vosotras, y del Hombre, tomado en sentido universal.

A Quevedo le debo haberme ayudado a resolver mis miedos de juventud al paso del tiempo y a la muerte. Dicen los sicólogos que para superar una fobia es necesario enfrentarse a ella, y yo lo hice con los textos de este autor. Advertí su pánico atroz ante tiempo y muerte, pero vi que, aun sintiéndolo, es posible asimilar y asumir con dignidad lo que nos aguarda, como él lo hace, que es absurdo sufrir por ello y rebelarse porque, como decía en el último verso de uno de sus sonetos, si la muerte “es ley y no pena (condena), ¿(de) qué me aflijo?”.

Pocas personas vivas han formado tanto mi personalidad y me han dicho y enseñado tanto como don Miguel y don Francisco a través de sus obras. He disfrutado y me he divertido más con otros libros más lúdicos, o más modernos, qué duda cabe, pero aprender, conectar, sentir un impacto directo en mitad de mi línea de flotación... eso ya es otra cosa.

Con lo que os cuento entenderéis que conocer a fondo sus vidas, sus épocas, su forma de pensar, rastrear todo ello a través de la lectura de sus obras, “escucharles” cuando (me) hablaban a través de éstas, haya logrado que los sienta como cercanos, tangibles, reales. Y que, como todos aquellos que tienes cerca, hayan despertado sentimientos en mí. En el caso de Cervantes una enorme ternura y un gran afecto, en el de Quevedo una admiración sin límites y no menos cariño. Sí que me enamoran, me enamoran sus obras, las de los dos, el dominio que tenían del lenguaje, su talento creativo, me enamora la extremada inteligencia de Quevedo, su ingenio... Pero ahora que estoy off the record, fuera de post y de literaturización de ideas o sentimientos, os diré que difícilmente los hubiese amado como hombres. Nunca podría ser pareja de alguien hacia quien me siento más madre que otra cosa, y menos aún de un hombre hipersensible y acomplejado, de genio excesivamente vivo, que a la mínima de cambio tenía la lengua lista para soltar veneno. Tampoco yo ando escasa de genio, nos hubiésemos tirado a la cabeza vajillas enteras de platos.. (risas)

Sí, siento verdadera devoción y cariño por ambos, pero amarlos como hombres...eso es pura literatura. Y pa eso están los posts...  Para eso y para provocar debates sobre temas colaterales, como los que preveo aquí.

Besos para las dos.

19 Noviembre 2010 | 12:07 PM

lughnasad

lughnasad dijo

Conocer a la persona antes que al autor es la única manera de entender realmente una obra, Madeleine. Cada autor, como cada hijo de vecino, es producto de su siglo, del pensamiento que rige en la época que le tocó vivir, de sus circunstancias personales, de sus vivencias, de su personalidad... Incluso, en ocasiones, de su físico. Contextualizar las obras dentro de estos parámetros es la única forma de comprenderlas del todo.

Sí, recuerdo que te referiste alguna vez a ese libro sobre Quevedo que recibiste de premio...  Lo leíste siendo pequeña aún, y lógicamente no pudo ser otra la impresión que te quedase de ese autor. Pero, de la misma manera que se contextualizan las obras para poder entenderlas bien, es conveniente contextualizar las biografías para comprender al hombre que escribe esas obras, y voy a intentarlo. Mira que si cambio tu punto de vista sobre Quevedo... je...

Para empezar, a Quevedo solo se le entiende si tenemos en cuenta que su comportamiento vital y literario es en gran medida una pose, la manera en que afronta no solo los ataques feroces de que siempre fue objeto por parte de enemigos políticos y literarios, sino también los efectos síquicos de sus defectos corporales, mecanismos de autodefensa que consisten en intentar triunfar con su ingenio y así distraer la atención de los demás para que no se fijasen en su cuerpo. Vaya por delante que de lo licencioso de su comportamiento y de parte de su obra se arrepiente varias veces a lo largo de su vida, como consta sobre todo en cartas personales dirigidas a amigos suyos.

Hablabas de su misoginia... Es cierto, pero no es exclusiva de él, ni mucho menos, y también constituye parte de su pose. La misoginia es una nota dominante en el pensamiento y literatura de la época, tanto en España como fuera de ella; hay escritores que muestran admiración hacia las mujeres, sí... mientras se mantengan en el lugar que la sociedad les tiene asignado. Y en honor a la verdad, hay que decir que en algunos momentos Quevedo se muestra menos misógino que otros, como cuando afirma contundentemente que hay mujeres de las que los hombres tendrían que aprender mucho, o en su obra “La hora de todos”, uno de cuyos episodios dedica a la reparación que se les debe a las mujeres por los agravios que han venido recibiendo tradicionalmente.

Quevedo resulta triste, incómodo, agobiante, sí... ¿Contextualizamos? Asomémonos a su época: decadencia militar, crisis económica, aislamiento cultural respecto al resto de Europa, visión negativa y desvalorizadora de todo lo terreno, conceptualización del mundo como una lucha de contrarios: apariencia y realidad, lo bello y lo monstruoso, lo refinado y lo grosero... ¿Resultado de todo ello? Temas como el paso inexorable del tiempo, su poder aniquilador, la muerte como destino cierto e inexorable, la vida como sueño, el desengaño... Y Quevedo se hace eco de lo que se respira a su alrededor.

¿Quevedo resulta procaz, chabacano, grosero? Sí, él y casi todos sus contemporáneos; ni Góngora, el paradigma de la exquisitez poética, se libra de verter ordinarieces en algunas de sus obras. ¿Por qué? Porque una de las tendencias del Barroco es la consideración obligada de lo vulgar como materia poética, es una más de las muchas “pataletas” de este siglo atormentado, retorcido y contradictorio. Súmale que buena parte de la producción quevedesca de carácter obsceno e irreverente, publicada, además, sin su permiso, era para divertimento propio y de un reducido grupo de amigos, en reuniones cortesanas en que todos trataban de mostrar su ingenio y habilidades dialécticas intentando destacar y conseguir la ayuda y el favor de reyes y altos aristócratas a la hora de pretender un empleo.

En fin, mi querida Madeleine, no aspiro a haberte convencido de nada, pero no podía menos que sacar una lanza en favor de mi Quevedo del alma...

Besos enormes, guapísima.

19 Noviembre 2010 | 03:57 PM

Cucú

Cucú dijo

¡cáspita! solo he bajado el cursor pero veo por encima que en esta casa ya no hay mala criada sino una muy hacendosa que lo tiene todo en su sitio, solo había que quitar el polvo, jajaja

Esto es para leerlo con mucha calma y esperar a leerlos todos.

Beeeeesos

19 Noviembre 2010 | 04:18 PM

lughnasad

lughnasad dijo

Poetizar es fácil, Cucú, idealizar (incluso conscientemente y disfrutar y complacerse en la idealización) también; lo que ya no lo es tanto es saber cómo va a funcionar una relación real entre dos personas. Todos sabemos de grandes odios que terminaron en grandes amores y viceversa, hemos conocido a personas con las que creímos que íbamos a congeniar maravillosamente o con quienes pensábamos que era imposible tener nada en común y cuando las conocemos a fondo resulta ser todo lo contrario. Creo que ni lógica ni corazón resultan determinantes siempre, es el roce, la convivencia, el cara a cara lo que termina por resolver en la mayoría de los casos el éxito o fracaso de las relaciones entre dos personas, y hablo en líneas generales, no ya solo de las de tipo sentimental.

Putañero, bebedor, fumador, mordaz... No, no resulta precisamente atractivo... Pero Quevedo es mucho más que eso, es sensible (y mucho, aunque en ocasiones no lo parezca), tímido, maravilloso conversador, de una inteligencia y un ingenio fuera de serie, auténticamente asombroso. Todos, en mayor o menos medida, somos producto de nuestras circunstancias, y él no escapa a esa tónica. Quizás si don Francisco no hubiera recibido las burlas que recibió por su físico, si no le hubieran atacado tanto por envidias literarias y políticas, si no le hubiesen traicionado tantas veces los que se comprometieron a apoyarle, si alguna mujer le hubiese querido de verdad a pesar de su físico y se hubiese convertido en un auténtico puntal para él, ni hubiera sido borracho, ni fumador, ni putañero ni deslenguado, y solo podríamos destacar en él las cualidades positivas de que antes te hablaba. Pero la gente que nos rodea nos marca, y mucho, para bien o para mal.

O a lo mejor, aunque las cosas hubiesen sido distintas y hubiese estado bien acompañado habría continuado siendo genio y figura, a saber. Hay muchos ejemplos de grandes escritores que tuvieron la suerte de tener a su lado a una gran mujer y fueron siempre eso, genio y figura... Ni te cuento lo que aguantó Nora Barnacle a su compañero sentimental, James Joyce, o las renuncias que hizo Zenobia Camprubí por Juan Ramón Jiménez, que también tenía lo suyo que soportar... Zenobia renunció a su carrera literaria e incluso a ser tratada adecuadamente del cáncer que padecía y del que murió..

No lo sé, Cucú, nunca sabremos cómo habría sido Quevedo si sus circunstancias hubieran sido otras. Ser sensible, dominar un arte, escribir maravillosamente, no es sinónimo de ser buena persona. Paul Verlaine era un maltratador, y quién lo diría leyendo sus poemas... Acercarnos a alguien puede terminar por decepcionarnos profundamente, ya lo creo, y ponías un buen ejemplo con Sánchez Dragó. A mí jamás me hizo tilín, alguna vez lo he comentado por ahí, me ha producido siempre un rechazo visceral sin saber por qué, y ya ves... Pero acercarnos a alguien también puede darnos grandes sorpresas, podemos encontrarnos con que tras lo que aparenta ser, en la intimidad de cuatro paredes es otra cosa muy distinta.
Nunca sabremos cómo sería Quevedo cara a cara, pero un hombre de sus cualidades que dejase en paz la botella, los prostíbulos y las ganas de clavar el aguijón a la mínima de cambio, que no se hubiera dejado aplastar por sus complejos..uffffff... Bueno, eso sí, como amor platónico no está nada mal.. ;-)

Un besazo, princesa, y gracias por tus felicitaciones. Por todas...

La canción es todo un acierto, realmente preciosa. La letra no reproduce nada más que un verso del famoso poema de Quevedo, este poema está recogido en uno de los comentarios del vídeo. Eso sí, está inspirada probablemente en ese soneto de don Francisco.

19 Noviembre 2010 | 05:25 PM

lughnasad

lughnasad dijo

Jajajaja.... Por lo que veo ahora que llevo escrito, más bien parece que se ha metido en la casa todo el cuerpo de limpieza del palacio de Windsord... Jamía, qué horror... Prometo no volver a traer al blog a Quevedo, es que se me dispara el teclado, no lo puedo evitar. Me apasionan él, su época... Vale, vale, se nota, ya lo sé... Glub..

Lo mejor de los comentarios de este post es que siempre encontramos temas sobre los que debatir.. :-)

Besos, Cucú,

19 Noviembre 2010 | 05:28 PM

lughnasad

lughnasad dijo

Gracias por acercarte a esta casa, Mayca, bienvenida de todo corazón. A mí también me encanta la historia, las biografías, y tengo ya algunas preparadas en la carpeta donde guardo lo que se publicará en Lughnasad. Espero que disfrutes leyéndolas tanto como yo escribiéndolas.

Un besote grande, grande.

19 Noviembre 2010 | 05:31 PM

Cucú

Cucú dijo

Al final vas a conseguir que me de penilla ese putañero.... por cierto, preciosa palabra, suena mucho mejor que putero o puñetero (que fue lo que yo leí al principio, jajaja)

Ya vuelvo con calma, de momento te dejo unos besos, je.

19 Noviembre 2010 | 05:38 PM

cucú

cucú dijo

Qué alucine leerte, buf, atónita me he quedado. Estoy bastante de acuerdo en todo lo que explicas sobre estos escritores y el tratar de ir más allá de su obra para comprenderla y comprenderles a ellos.

Es cierto que todo lo que hacemos en esta vida, sea escribir, crear o simplemente vivir, está marcado por las circunstancias y el tiempo que nos toca vivir aunque también en ese instinto protector y maternal que tenemos las mujeres en general y nosotras en particular, acabamos justificándoles y no sé si eso es comprensión, humanidad o gilipollismo...

Pero ya ha quedado claro que te enamoraste de las obras de Quevedo y de Cervantes por todo lo que a nivel personal te aportaron independientemente de sus defectos, que todos los tenemos...

Bueno, Quevedo queda claro que no te apasiona, a la vista está, jajajaja

Besazos y gracias por esta clase magistral de literatura!!!!

22 Noviembre 2010 | 06:28 PM

oda

oda dijo

Esta frase es fundamental: "Y entender a esas personas antes que a esos autores." Es el germen necesario que humaniza al autor sin restarle un ápice de admiración. ¡Cómo te entiendo! Yo tengo dos personas con las que me hubiera gustado tener largas conversaciones: Antonio Machado y Saramago. En sus escritos soy capaz de captar a los seres humanos que fueron y que tan magistralmente supieron darse a través de las palabras para ser de todos. Al igual que "tus dos amores" mencionados, Cervantes y Quevedo. Sólo los grandes son capaces, desde su yo más interno, que la palabra tenga eco a lo largo y ancho del universo.

No sabes cuánto me alegra saber de ti. Volveré un día y compartiré contigo y con Darunia -en mi mesa camilla- un buen café, como aquel que hace unos años humeaba por La Coctelera como una seña de identidad de las tres.

Un fuerte abrazo, mi sevillana favorita :)

22 Noviembre 2010 | 10:04 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Lo dicho, mi querida amiga, definitivamente es una delicia leerte..., y sobre todo picarte, porque entonces ahí sí te derramas en prosa. Aunque no creas, estamos de acuerdo en la apreciación que haces de tus dos grandes amores literarios, sus obras y su legado. Nada que discutir, ni siquiera la procacidad de Quevedo, su cinismo, su estilo disparatado de vivir, etc., todo eso hace parte de la grandiosidad de su imagen y de su obra. Era sin duda un genio y los genios son así. Para qué tratar de entenderlos..., sólo basta con admirarlos y quererlos.
Ah! pero te arrancamos la confesión que buscábamos y que originó nuestro asombro: Tu rendido amor por Quevedo era sólo literario. Ni a él ni a Cervantes hubieras podido amarlos como hombres. Ahora sí estamos en la misma página. Por lo demás comprendo de sobra tu apasionamiento.

A ver si nos das el chance de picarte con más frecuencia. No sabes cómo extrañábamos esos arranques apasionados..., tan españoles, tan andaluces, y olé, ja, ja. Besos.

23 Noviembre 2010 | 02:47 AM

lughnasad

lughnasad dijo

Conocer las vidas y el pensamiento y actitudes vitales de la época de los autores es esencial, Cucú, no para justificarlos y sí para comprenderlos. Las circunstancias de todo tipo nos moldean como a pellas de barro, pero siempre queda un resquicio para el libre albedrío, para salirse de esa especie de determinismo que parecen conllevar esas circunstancias en que nacemos y vivimos. No estamos condenados a nada. O no debiéramos estarlo... Para algo han de servir la inteligencia, la voluntad y la buena voluntad. Inteligencia y voluntad les sobraba tanto a Cervantes como a Quevedo, aunque ya no sé si a este último también la buena voluntad... Creo que todo ese bagaje debería haberles servido a ambos autores para dar un giro a sus vidas, para tomar su propio timón y no caer en determinadas actitudes que les favorecen bien poco ante los ojos de cualquiera. Pero ¿quién soy yo para juzgar eso? Cada cual anda su camino como puede, sabe y Dios le da a entender, cada persona es un mundo y tiene las capacidades que tiene para enfrentarse a sus demonios; yo no voy a intentar ni siquiera justificar y excusar a estos dos hombres, no tengo derecho, solo procuro comprender los mecanismos que les llevaron a actuar como lo hicieron, comprenderlos a ellos.

Como bien decías todos tenemos defectos, ellos también, pero junto a esos defectos poseían un potencial humano (no solo ya como autores) tan grande que no puedo dejar de sentir una profunda admiración por los dos, y no solo como escritores. Como tales me enseñaron mucho con sus obras, así es, pero pudieron hacerlo porque en ellas fueron capaces de reflejar los valores que poseían.

El post era un homenaje a Cervantes y a Quevedo como hombres más que como escritores, una muestra de mi rendida admiración y no menos rendido afecto por dos seres humanos excepcionales, pero no dejo de reconocerte que ese instinto protector y maternal del que hablabas sobrevolaban mis líneas. Es que soy mu “gallinita”, qué le vamos a hacer.... 

Gracias a ti por aguantarme estas clases de literatura, guapa... ¡¡Besazos!!

23 Noviembre 2010 | 11:17 PM

Lughnasad

Lughnasad dijo

Ay, si existiesen las máquinas del tiempo, Oda... Qué maravilla poder hablar con hombres, que no ya autores, tan grandes como los que citas, dos hombres buenos, esencialmente buenos... Pero a falta de esa máquina nos quedan sus libros para poder mantener esas conversaciones que nos gustaría tener con ellos y con todos los demás, solo hay que saber escuchar. O leer, mejor dicho.. :-). Los clásicos continúan hablando después de muertos, saben llegarnos a lo más hondo, darnos respuestas a nuestras inquietudes, miedos, anhelos... Por eso son clásicos, ¿verdad?

A mí también me dio una alegría inmensa cuando me dijeron que andabas de nuevo por la Coctelera, y mucha pena cuando vi el paréntesis que anunciabas en tu último post. Porque es solo un paréntesis, ¿a que sí....? No dejo de acordarme de aquellas mesas que nos ponías en tu casa a Darunia y a mí en esta época, ¿lo recuerdas? , vestidas con manteles preciosos, llenas de dulces navideños... Ay, Oda, qué tiempos... Vuelve pronto, las camillas nos esperan, el café humeante, las conversaciones...

Un beso enoooooooorme, mi querida norteña, mi norteña favorita. Te dejo unas palabras de tu admirado Saramago para que te acompañen en este tiempo de silencio que te impones, y espero el pan al final de ese tiempo...

Hay, también, el silencio. El silencio es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y las malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan.”

23 Noviembre 2010 | 11:19 PM

lughnasad

lughnasad dijo

Definitivamente, Madeleine querida, tanto Cucú como tú sois malaaaaaaaaaaaaaaaaaaas.... (risas) Me habéis estado picando hasta que he confesado como una boba, sniffff... Con lo mona y lo poética que me había quedado mi declaración de amor a Cervantes y a Quevedo... (más “snifff”) Un poquillo bígama, es cierto, pero la mar de poética... (más risas)

Bueno, ahora en serio.. No voy a añadir nada más respecto a mis sentimientos reales hacia ambos autores, creo que han quedado suficientemente claros; solo reiteraré mi admiración sin límites por su obra, por la manera en que supieron conectar con lo más profundo y universal del alma humana y reflejarlo en sus obras, y mi agradecimiento por todo lo que aprendí de ellos, que fue mucho y bueno porque, a pesar de sus obvios defectos, también había mucho de bueno en ellos. Mucho, de verdad... Y claro que te creo cuando dices que compartes tu admiración por la obra y el legado de Cervantes y Quevedo. Eres una mujer sensible, culta, estoy segura de que te llega el mensaje que ambos encierran en sus páginas.

Te agradezco en el alma esas palabras tan amables que me dedicas, disfruto enormemente hablando de literatura, pero no me piquéis, que mirad que me conozco y me temo... Como buena andaluza soy barroca y excesiva, visceral, y si me dan cancha no me controlo muy bien.. Mirad que me está rondando por la cabeza hablar de una de las obras clave de la Literatura mundial, La Celestina.. ¡¡Qué maravilla de obraaaaaaaaaaaaaaaa..!! Bueno, tranquilas, era broma... (risas) ¿O no...? ;-) (más risas todavía)

Un beso muy grande, mi amiga querida, y de verdad que gracias por tenerme tanta paciencia. Os merecéis una aureola de santas...

23 Noviembre 2010 | 11:40 PM

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