LA PAZ DE KAHN

Estos días mi hija ha estado muy atareada -e ilusionada, todo hay que decirlo- aprendiendo la canción que, junto con sus compañeritos de clase, entonarían en la marcha organizada por su cole para celebrar el día de la paz. A sus 7 años ya le han hablado de Gandhi, incluso de la simbología del "Imagine" de Lennon, pero probablemente en ningún libro de texto mencionarán a uno de los más firmes creyentes en la idea de que la paz entre los pueblos era posible: Albert Kahn. Y para eso estoy yo... Un día le hablaré de este banquero judío, utópico y multimillonario que, a principios del s. XX, empleó su inmensa fortuna en sufragar los viajes a más de 50 países del mundo de un equipo de fotógrafos que captaran escenas de la vida cotidiana, tradiciones culturales, ceremonias religiosas... Convencido del derecho de cada pueblo a mantener su propia idiosincrasia, sus tradiciones y cultura, de que la pluralidad de realidades no tenía que estar reñida con la unión entre los hombres, pensaba que difundir estas realidades conduciría a un mayor conocimiento y, en consecuencia, comprensión entre naciones, y que si podíamos ver y entender a nuestros vecinos llegaríamos a considerarlos nuestros iguales y así terminar definitivamente con el odio, el miedo, el rechazo y todo lo que constituyen los pilares de las guerras.
No hace falta decir que este filántropo visionario e idealista no consiguió realizar su sueño, pero sí nos dejó una colección de filmaciones y fotografías en autocromo, el primer sistema de color, que constituyen todo un legado para la humanidad.











Yo las miro de vez en cuando, y las disfruto enormemente, y no solo por puro placer estético o por el placer que me proporciona la foto como sucedáneo de uno de mis iconos más queridos y más utópicos (al menos por ahora), que es el túnel del tiempo, el viaje al pasado. No existen ya las personas que protagonizan esas imágenes, ni tampoco elementos mucho menos efímeros que la vida humana, como edificios y paisajes, destruidos la mayoría de los primeros, ya urbanizados algunos de los segundos. Tampoco muchas de las costumbres y modos de vida que muestra el equipo de fotógrafos de Kahn. Otras personas, otros edificios, otros paisajes, otros modus vivendi han tomado ya el relevo de estos, cada ciclo vital comienza y termina para que otro pueda tomar su lugar, y así, cada uno de nosotros, cada cosa, tiene sentido y objeto en el marco de un ciclo superior, inmutable, puede que eterno... hasta donde lleguen los límites de la eternidad. Comprender el sentido de la mortalidad siempre es una forma de templar, de casi conformar, el anhelo de trascendencia de los seres humanos, aun para quienes no lo poseemos en absoluto pero no obviamos el absurdo y la crueldad de la posibilidad de que quizás nunca se vea satisfecho.
Y sin embargo, contemplando la obra de Kahn uno termina por intuir que esa mortalidad que tanto nos aterra no constituye un absoluto, se termina por ver literalidad en expresiones como "inmortalizar en una foto" o "plasmar para la posteridad". Incluso en el miedo de los miembros de algunas tribus africanas a perder su alma si los retratan. Las cámaras que capturaron los rostros que en esas fotos miramos y nos miran, los edificios que ante nosotros se yerguen o se desmoronan, los paisajes que exhiben su esplendor o su desolación, congelaron en una imagen un momento que una vez estuvo vivo, perpetuaron ese momento, esas personas, esos objetos, y con ello cumplen una de las aspiraciones más antiguas del hombre: hacerle una finta al tiempo, engañarlo y así trascenderlo. Lo representado en una foto es un instante robado al olvido, salvado de la muerte. Fotografiar durante un viaje, como hicieron los hombres de Kahn, captar el lugar por el que se estuvo de paso, las personas, objetos y las impresiones recibidas y llevarse todo eso consigo es alterar el tiempo y el espacio, es apresar para siempre en los negativos la vida de cuanto se pone a tiro de cámara y, con ello, burlar la mortalidad inherente a todo lo creado por Dios o por el hombre, y, por supuesto, al hombre mismo. En las paredes del presente y del futuro quedarán siempre colgadas estas instantáneas del pasado en las que personas de todas las partes del mundo continúan viviendo, mirando, sonriendo, afanándose en su devenir diario o simplemente dejándose quietamente capturar por la cámara, instantáneas en las que se reflejan el trabajo, el dolor, el sufrimiento, la desesperación, la esperanza, el miedo, la inocencia... El alma de la humanidad. Todo lo que hace hombre al hombre independientemente de lugares y épocas, todo lo que nos une, todo lo que perdura, que en definitiva es todo aquello en lo que, probablemente, consista la inmortalidad.
Cuando miro estas fotos se abren paso entre los recovecos de mi memoria las últimas palabras de la novela de Mika Waltari "Sinuhé el egipcio", y es en entonces cuando con más fuerza se convierten en mi auténtico credo.
"Yo, Sinuhé, soy un hombre y como tal he vivido en todos los que han existido antes que yo y viviré en todos los que existan después de mí. Viviré en las risas y en las lágrimas de los hombres, en sus pesares, en sus temores, en su bondad, en su maldad, en su debilidad y en su fuerza. Como hombre viviré eternamente en el hombre y por esa razón no necesito ofrendas sobre mi tumba ni inmortalidad para mi nombre."




fur dijo
En primer lugar gracias, muchas gracias por descubrirme a este buen hombre del que no tenía ni idea, fíjate que estuve indagando en la red y cuando me apareció un tal Albert Kahn arquitecto me dije, ooooño, algo no me cuadra, jajaja.... Al final di con el Kahn, banquero, al cual dedicas un artículo precioso y sin querer te has convertido en la fotógrafa de su vida y sus ideales mostrándonos su obra e inmortalizando su sueño, la paz entre todos.
He creído entender que para él la fotografía tenía la misión de rellenar nuestro conocimiento y nuestra memoria, una manera de podernos conocer unos a otros para entendernos mejor y aceptarnos como somos los unos y los otros. Creo que con ello pensaba que la paz reinaría en el mundo y yo también lo creo pero la realidad es otra bien distinta. En España sin ir más lejos cada vez hay más distancia entre unos pueblos y otros porque el pensamiento que reina es que lo mío es lo mejor y lo más auténtico y no me interesa nada de lo tuyo, y así es difícil vivir en paz y armonía. De nada sirve sembrar sonrisas si solo recoges colmillos......
Qué preciosa manera de describir lo que representa una foto... "un instante robado al olvido, salvado de la muerte"..........., un santiamén perenne, un indultado de la hoguera del tiempo... sí, todo eso es una fotografía.
Encontré este video con una muestra de sus fotografías
http://www.youtube.com/watch?v=TUR61F1dOms&feature=fvw
Pero este otro me encantó, son los jardines que construyó y desde luego que ahí sí se debe respirar paz y armonía. Creo que una parte de su sueño sí lo consiguió en esos rincones poblados de todo y de todos.
http://www.youtube.com/watch?v=Hm5KVQGtz7o&feature=related
Me gusta tu credo y lo hago también mío, con tu permiso y con el de Mika Waltari que lo transmitió a través de Sinuhé.... Creo que la inmortalidad existe porque otros alguna vez existieron y fueron, y gracias a ellos nosotros existimos y somos para que mañana otros existan y sean. Porque la inmortalidad es una prolongación infinita de la vida que entre todos mantenemos con lo bueno y con lo malo. Olvida esta última frase, me he puesto gilisófica o algo así pero como me salió así, pues, así queda, jajaja
Un besazo y gracias por alimentar el blog porque de él me nutro yo... :)
3 Febrero 2011 | 04:17 PM